La zaga defensiva volvió a confirmar su seguridad maniatando al rival, que a balón parado fue casi de la única manera que disponía para crear alguna ocasión, gracias a la segunda línea de tres centrocampistas formada por Cesc, Senna y Albelda, que se desdobló en tareas ofensivas y defensivas.
Por ello, todo el juego español pasaba por los pies de Marcos Senna y Cesc Fábregas. Las ocasiones se sucedían. Villa y Reyes ofrecían mucha movilidad en punta y Raúl se desenvolvía con soltura como pieza de enganche entre líneas.