Un año más, Guti ha sido capaz de lo mejor... y de lo peor. A pesar de contar con un condicionante llamado Fabio Capello, su fútbol preciosista y preciso ha aparecido con cuentagotas y el equipo ha pagado caras todas y cada una de sus lagunas.
Porque cuando ha aparecido ha sido determinante. Pases milimétricos como el que le metió a Robinho frente al Sevilla en el Bernabéu o actuaciones claves como la del Calderón han valido puntos y han sido parte importante en la remontada madridista. Sin embargo, sus expulsiones absurdas, desapariciones sobre el terreno de juego y displicencia al inicio le han lastrado y, como siempre, termina el año en el alambre. Este es Guti...
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