Frank Rijkaard fue sincero con el Pibito. No contaba con él y lo mejor para su carrera sería que se buscara equipo. Así que, tras un verano movidito, de idas y venidas y de múltiples ofrecimientos, fue el Mónaco el club que se llevó el gato al agua. El conjunto del Principado, de la mano de Morientes y Giuly, venía de disputar la final de la Copa de Europa ante el Oporto y tras perderla, querían jugadores de primer nivel para intentar el asalto.
Saviola daba el perfil. Figuraba entre los mejores delanteros de Europa y al lado de un entrenador que le diera confianza, como haría Deschamps, estaba claro que terminaría por explotar. No salió todo a pedir de boca -el equipo monegasco no pudo repetir la hazaña continental del año anterior-, pero los diecisiete goles anotados en una temporada hablan de Saviola como un goleador incorregible. Llegaba el turno del Sevilla.
Ché, qué bueno que llegaron...: