Verle jugar rebaja el stress. Ricardo Izecson dos Santos Leite, llamado Kaká por la gracia de su hermano pequeño Roberto que no era capaz de decir bien su nombre de pila, juega como vive. Con calma, con relajación, con salud mental, con buenaventura.
Cuando controla el balón y se da la vuelta el mundo se abre a su paso. Zancada de cigüeña, mirada alta, balón cercano. Más diestro que zurdo, puede salir por los dos lados y cuando ha cogido velocidad, tres cuatro zancadas después de poner en marcha un motor de pocas revoluciones pero mucha resistencia, ya no hay quien le frene.