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Acción-reacción


La ley de la acción-reacción permitió al Barça dar las primeras señales de vida en el partido. En el minuto 22, Eto'o remataba, sin peligro, por primera vez a puerta. Cinco más tarde, una falta al borde del área era desaprovechada por Ronaldinho al estrellarla con la barrera y ya en el 37, las estrellas barcelonistas acertaron a combinar con estilo llevando, por mediación del disparo de Giuly, el miedo a las gradas de San Siro. Era insuficiente.

La primera parte ha dejado una sensación paradójica. A priori, esta noche se enfrentaban dos equipos con estilos contrapuestos: por un lado el orden y por el otro la imaginación. Sin embargo, los de Rijkaard no encontraron en ningún momento la chispa de su juego dinámico y explosivo y se convirtieron en una mala copia de su rival, especulativo y contragolpista por naturaleza. Quizá por ello, la sensación de dominio vestía de rojinegro. La segunda parte sería otra historia.

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