San Siro se vistió con sus mejores galas para acoger este Milán-Barça con sabor a final anticipada. El espectáculo comenzó con un mosaico que cubría toda la grada del mítico estadio milanés y que daba la bienvenida a los hombres de Rijkaard con un mensaje muy claro: "El diablo metido en el cuerpo".
Y algo de razón debían tener los aficionados rossoneros cuando elegían esta cita porque en los primeros compases del encuentro se ha notado la mano del maligno. Sólo él podía privar al aficionado de las jugadas de algunos de los mejores jugadores del mundo que, presas del respeto y del miedo a perder, han malgastado los doce primeros minutos del encuentro. Menos mal que la delantera transalpina cumpliría, en el minuto trece, con el exorcismo.