Frank Rijkaard debió de hablar muy claro en el vestuario porque en la reanudación saltó otro Barça al césped de San Siro. Los hombres de amarillo se abrocharon el cinturón y iniciaron un viaje que puede llevarles directos a la Final de la Copa de Europa.
Para empezar, se olvidaron del miedo. Con el temor y el respeto en la caseta, el Barcelona recuperó la alegría y toque va, toque viene, empezaron a mermar a un Milán que ya no parecía tanto Milán. Con estos mimbres, sólo podía llegar el gol. Y llegó gracias a un genial pase de Ronaldinho al borde del área que un vivo Giuly leyó a la perfección. Su desmarque en diagonal descolocó a la defensa milanista, incluída la media salida de su portero, Dida, y su remate duro, seco, se coló en las redes italianas. Uno a cero y a disfrutar. Despegamos.