Tras el descanso se pudieron ver las mejores jugadas de la noche. Los locales, volcados al ataque en busca de un gol que les enganchara de nuevo a la eliminatoria, descuidaron su defensa dejando libre a un Forlán al que solo la mala puntería privó de gritar un segundo gol. El uruguayo, que parece haber recuperado el olfato, falló un mano a mano con el portero de esos que, a la postre, pueden resultar definitivos.
Como buen equipo de las islas, el Rangers se mostró orgulloso y no claudicó en ningún momento. Ni siquiera ante la conexión Riquelme-Forlán, y fruto de su persistencia -y por qué no, de la buena suerte- en el minuto ochenta y dos de partido se encontraron con el gol en propia puerta de Peña. Era el tanto del empate y una pena para el Villarreal, al que no se le puede pedir más en su debut en la fase final de la Champions. El Madrigal debe hacer el resto.