Valencia y Barcelona rompieron una de las sociedades más prolíficas del futbol argentino y, una vez separados, ni Pablo ni Javier levantaron cabeza. El Conejo, pese a golear con la zamarra azulgrana en uno de los momentos más convulsos de su historia reciente, nunca terminó de convencer a los técnicos por su corta estatura y con la llegada de Rijkaard se vio obligado a hacer las maletas rumbo a interminables cesiones.
Su amigo Pablo no corrió, como hemos visto, mejor suerte y en España sus carreras parecían haberse estancado. Amigos desde las inferiores de River, en España se les ha visto juntos cada vez que sus agendas se lo permitían y, suponemos, se han puesto al día de sus penurias. La suerte, con todo, parece sonreír a Pablo en Zaragoza mientras que, incomprensiblemente, Saviola desaprovecha su talento en la grada del Camp Nou.
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