Visto lo visto, Mirko Slomka, el preparador del Schalke, se dejó de asuntos personales y en la reanudación echó mano de Lincoln y después de Kuranyi. Con ellos, con los largos lanzamientos de los centrales y con acciones a balón parado, metieron el miedo en el cuerpo a los sevillanos, que tuvieron la virtud de no arrugarse nunca y de enlazar contras que frenaran en parte el ímpetu alemán.
En dos de ellas pudieron marcar Maresca y Navas. No lo hicieron y hubo incertidumbre hasta el final, sobre todo porque Lincoln erró un par de oportunidades pintiparadas antes de que el central serbio Krstajic se ganase la expulsión por propinar un codazo a Navas. Y otras dos después, salvadas "in extremis" por Palop, un seguro en Gelsenkirchen.