Aunque jugó en plan conservador, el Sevilla apenas sufrió para defender su portería en una primera mitad anodina, con más respeto que fútbol por ambas partes y más músculo que toque.
Los teutones dominaron más, por aquello de jugar en casa, pero se les ve que les gusta más contragolpear que atacar y que no se sienten felices con el balón en su poder. Exactamente igual que los andaluces, que pisaron pocas veces el área rival.