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El destino regatea a Riquelme


Al fútbol le encanta tener estos momentos. Están en su historia y seguramente son los que le hacen grande. En un partido dominado de cabo a rabo por el Villarreal, con al menos cuatro ocasiones clarísimas de gol por ninguna de su rival, con un baño amarillo en toda regla, al final, en el minuto ochenta y nueve, de un penalti cometido sobre José Marí dependía toda la eliminatoria. Meterlo significaba la prórroga y quién sabe si también la Final. Fallarlo, le enviaba a casa.

En ese momento, el mejor jugador local, Juan Román Riquelme, ídolo de Boca, ídolo de Argentina, ídolo en Villarreal, asumió la responsabilidad de lanzarlo. Era un momento para los más grandes. El estadio aguantaba la respiración con ese poso de tranquilidad que deja saber que su futuro dependía del mejor. Pero, ahí jugó una mala pasada el destino. El crack falló y el futuro se acababa en ese penalti. El Villarreal se despertó del sueño europeo de la peor manera posible: hecho añicos.

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