Nunca se ha ganado una final de la Liga de Campeones con tanta suficiencia como lo ha hecho el Ciudad Real en esta edición.
Como si no hubiesen existido los seis goles de ventaja de la ida (19-25), los de Dujshebaev salieron a la pista como si les fuera la vida en ello, arropados por más de cinco mil espectadores que comenzaron la fiesta de celebración desde el pitido inicial del partido y llegaron al 37-28 final, castigo que aún pudo haber sido mayor de no haber mediado muchos minutos de descanso para los habituales porque, lo crean o no, aún hay mucho en juego esta temporada.