Inglaterra respira, acariciando su pase a octavos después de sumar su segunda victoria mundialista ante la modesta Trinidad y Tobago (2-0), pero lo hace de manera jadeante consecuencia del pobre argumento futbolístico ofrecido hasta ahora y que le obligó incluso a utilizar a Rooney para superar el escollo caribeño.
La selección británica reiteró los problemas que ya evidenció ante Paraguay, a la que ganó con un autogol de Gamarra, y necesitó 83 minutos para abrir el marcador ante su antigua colonia. Todo sufrimiento es bueno si al final se gana.