A Zidane no conviene mucho buscarle las cosquillas. Se sabe que es una gran persona, educado y correcto, pero también que tiene muy mal pronto, que se controla poco y mal y que si le buscas la tibia frunce su ceño marsellés.
Al parecer, la relación con su seleccionador no es todo lo fluída que se desearía de cara a un Mundial y el ambiente dentro del combinado galo está enrarecido. Sólo una victoria puede dar la vuelta a la situación.