En un alarde de fe, calidad, acierto y de grandeza, el Real Madrid se quedó a un tris de firmar la mayor gesta de su historia y de coronar su leyenda con una goleada que hubiera pasado a los anales del fútbol. Se puso 3-0 en diez minutos, tuvo al borde del K.O. a un dubitativo y tembloroso Zaragoza más de lo que en realidad pensaba hasta Florentino Pérez, pero le faltó la guinda, esa última diana tan difícil de conseguir. Al final, el Zaragoza se marchó satisfecho con su pase a la final, y los blancos contentos con la gran imagen dada.