Sólo gracias a Osasuna, uno de sus clásicos "enemigos", y a los deméritos del conservador Valencia, el Madrid pudo cumplir de rebote su discreto objetivo de terminar segundo y lograr el billete directo para la próxima "Champions".
Y el Sevilla, pletórico de fútbol y moral, se quedó con la miel en los labios y sin poder cerrar su excepcional campaña con el sonado premio de acceder a la máxima competición continental. Los goles de Delporte y David López en el Reyno de Navarra salvaron al Madrid del fracaso, de tener que jugar en agosto una ronda previa que complicaría su gira mundial del marketing y los beneficios económicos.