El estadio Vicente Calderón vivió uno de los incidentes más vergonzosos de los últimos años. Una lluvia masiva de objetos provocó la suspensión del partido que el árbitro Ayza Gámez decidiría reanudar más de media hora después. La afición atlética reaccionó mal ante la decisión del colegiado de dar por bueno un gol que instantes antes había anulado por fuera de juego.
Esta jugada, unida a los dos penaltis sancionados en contra del equipo madrileño y a la expulsión de Peter Luccin calentó los ánimos de parte de la hinchada atlética que reaccionó lanzando objetos contra los jugadores sevillistas. Palop, que defendía la portería situada en el fondo que ocupan los seguidores más radicales, fue el centro de todas las iras. Como se aprecia en la foto, su integridad física corría peligro.