Dirk Nowitzki ha cumplido su deseo de defender la camiseta de Alemania en los últimos Juegos de su carrera deportiva dentro del equipo nacional germano, que en otra tarde de alta efectividad anotadora como la que descargó contra Brasil en cuartos de final, apeó a Puerto Rico de la cita olímpica en Pekín 2008 por un contundente 96 a 82.
Las dos selecciones se lanzaron como lobos a por la última posibilidad de sumarse al campeonato olímpico. Una, la europea, con convicción, mucho acierto y, después de todo, mejor juego. Otra, la antillana, con idéntica convicción, aunque muchísima menos eficiencia y, en consecuencia, peor baloncesto. Es así de fácil.
Ese es el motivo de que Alemania se haya unido a los once conjuntos que ya habían reservado plaza en la capital asiática: Grecia y Croacia desde la competición ateniense; España como campeona del mundo; China en calidad de anfitriona y, otros siete países -los Estados Unidos, Angola, Lituania, Rusia, Argentina, Irán y Australia- a través de sus respectivos torneos continentales.
En un principio, los europeos cargaron la suerte en el juego interior, donde Nowitzki y Chris Kaman, la pareja de la NBA, acapararon la labor realizadora. Luego, y eso hizo muchísimo daño a los caribeños, ampliaron la potencia de fuego desde la larga distancia.
Los americanos, como cabía esperar, buscaron el éxito desde el perímetro de la mano de José Juan Barea, Larry Ayuso y Carmelo Lee, pero con una gran colaboración por parte de Peter John Ramos, que aportó consistencia mientras Puerto Rico funcionó adecuadamente a la zona del campo donde peor lo pasa la formación boricua.
Ambos equipos partieron y midieron fuerzas sin contemplaciones hasta el intervalo. Luego, el desacierto en el tiro borró del mapa al conjunto borinque. Bueno, el desacierto y el excelente trabajo desempeñado por los alemanes, en conjunto, no sólo en el recurrente caso de Nowitzki.