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A una estación de la gloria


España juega contra Alemania, en el Ernst Happel de Viena, su partido más importante en casi un cuarto de siglo, el que puede convertirle en campeón de Europa, pero no sólo eso, el que también puede acabar con una larga noche de frustraciones.

Y llega tan convencida de sus posibilidades que ni la lesión de David Villa, el jugador más efectivo del torneo, le ha sumido en la depresión. Porque la selección española ha ido creciendo en un torneo al que llegó bajo sospecha. Soltó el lastre en cuartos, ante Italia y en la tanda de penaltis, y se exhibió en una semifinal en la que recuperó la alegría.

Es el equipo más goleador y el que menos tantos ha encajado por minutos jugados. El que más dispara a puerta y ha encontrado, cuando menos se esperaba, un "pasillo de seguridad", como le gusta decir a Luis (Puyol, Marchena, Senna), que funciona. Lo que no está tan claro es que Alemania vaya a volver al sistema con el que comenzó el campeonato (4-4-2). Löw ha descubierto que con dos centrocampistas de contención por detrás de Ballack, el jugador del Chelsea juega con más libertad y Alemania saca ventaja de su mejor jugador.

Junto a Ballack, la explosiva irrupción de Bastian Schweinsteiger, la confirmación de Lukas Podolski como un buen goleador y la capacidad de Miroslav Klose para aprovechar cualquier mínima ocasión, son la mayor amenaza que muestra Alemania.