Con su segunda victoria en la decana de las clásicas, la Lieja-Bastogne-Lieja, Alejandro Valverde se ha coronado como el mejor clasicómano de la historia de nuestro ciclismo -unicamente Freire le podría cuestionar su reinado-.
La carrera, como toda clásica, estuvo llena de tensión y emociones fuertes desde su inicio. Por suerte para Valverde el equipo Caisse D'espargnes mantuvo el control hasta los últimos 30 kilómetros en los que el murciano tomo el mando de la prueba.
En el penultimo repecho de la prueba, se fueron Davide Rebellin, Frank Schleck y el propio Alejandro. Los tres se entendieron a la perfección y obtuvieron la distancia justa con el grupo para poder jugarse la carrera entre ellos.
En el último kilómetro, en la cota de San Nicolas, Valverde subió un par de piñones y arrancó con una fuerza descomunal. El italiano y el luxemburgues apenas podían seguir la rueda del murciano, que ha vuelto a demostrar que se encuentra entre los más grandes.