Tras salir del Nápoles, el Parma fue su destino. Su llegada coincidió con los años dorados del equipo norteño, aquellos en que su nombre asustaba en Europa gracias a jugadores como Buffon, Crespo, Verón, Thuram... y el propio Fabio. Allí creció como futbolista y allí alcanzó su mejor racha ganadora con dos Copas de Italia, una Supercopa y la Copa de la UEFA.
Aquel trofeo europeo degeneraría en polémica. La grabación de Cannavaro inyectándose sospechosas sustancias la noche antes de la Final de la UEFA daría la vuelta al mundo y dejaría la sombra de la duda sobre la veracidad del éxito parmesano. Aquella imagen de Cannavaro con la jeringuilla le perseguirá, desafortunadamente, toda la vida.
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