El Mundial acabó para él de la mejor manera posible: con la Copa en sus manos. Su despliegue de facultades durante todo el campeonato mantuvo firme a la defensa transalpina en los malos momentos -durante la primera fase- y la convirtió en inexpugnable en el momento de la verdad. A su lado crecieron Nesta, Materazzi y Zaccardo y de su mano, la Azzurra alcanzó la cota más alta.
El hecho de que su selección sólo encajara dos goles en todo el torneo -uno en propia puerta y otro de penalti, en la Final- está directamente relacionado con su capacidad de anticipación, sus salidas al cruce, su potencia en el salto y la contundencia de sus entradas. Todo esto, unido a su buen toque de balón, llamó la atención de todos los medios de comunicación acreditados para el torneo que rápidamente ponderaron sus virtudes y le 'pusieron' -con la ayuda del Moggi-gate- en el mercado.
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