Su paso por el Inter de Milán, un club al que la suerte parece darle la espalda sistemáticamente, estuvo marcado por las lesiones. Así que tras dos temporadas sin pena de gloria, Cannavaro dio el sí a Capello y se embarcó en la aventura juventina.
Su firme carácter caló entre sus hinchas, millones a lo largo y ancho del país y escasos en Delle Alpi, y su seguridad defensiva convenció al entrenador del látigo, quien le convirtió en un fijo en el once titular. Junto a sus amigos, Buffon y Thuram, convirtió a la zaga bianconera en inexpugnable y se dio el gusto de levantar la Copa de Campeón de Liga. Su carrera volvía a lo más alto.
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