Muy posiblemente se lo merece. Como señalan los técnicos más experimentados, las carreras de los futbolistas hay que juzgarlas al cabo de los años, no por una temporada estelar. Y seguramente por eso, a la de Gianluigi Buffon, tras una década de rendimiento constante al máximo nivel, le ha llegado la hora del mayor reconocimiento.
La conquista de la Copa del Mundo 2006, con el portero italiano como protagonista destacado, fue el premio a una eficacia sobria, a una eficiencia sin alharacas, que merece el máximo galardón individual. Por ello si, como parece, finalmente gana el Balón de Oro de este año no será solamente un reconocimiento a un campaña brillante. Será el broche de oro a una regularidad encomiable.
Ellos también son ídolos mundiales: