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Hambre... de fútbol


Maxi tuvo que aprender a ganarse la vida él solito desde muy pequeño. Su infancia es una historia de superación personal que tuvo éxito gracias al único y constante apoyo de su madre Claudia. Ella fue quien le echó un cable una vez tras otra y si hoy Maxi es una estrella del fútbol mundial es en gran parte gracias a ella.

Su historia futbolística comienza en Rosario, en Newell's Old Boys, el equipo leproso. El pequeño Maxi se crió a pocas cuadras de su estadio, el Coloso del Parque, y claro, desde entonces, los colores rojinegros ya nunca salieron de su corazón. Tal es su pasión por el club rosarino que cuando el Atlético vestía fuera de casa su camiseta azul y oro, idéntica a la de su archienemigo Rosario Central, Maxi se colocaba debajo otra con el escudo de Newell's "para que esos colores no tocaran mi piel".

Y es que Maxi es un tipo pasional. Su implicación en el equipo es tal que grita cada gol como si fuera el último. Por ello, basta con ver cómo se le transforma la cara cuando vacuna para la Albiceleste. Y cuanto más joven, más grito. Así, los cuatro goles que anotó en el Mundial Juvenil de 2001 que ganó otra generación excepecional de futbolistas argentinos son el mejor ejemplo de que sin pasión no se puede llegar lejos. Sobre decir que levantó la Copa del Mundo, claro.

Ché, qué bueno que llegaron...:

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