Cada vez que emerge la figura de algún deportista de elite menor de 18 años, la prensa le encumbra como un 'niño prodigio'. Pero casos como estos no son de casualidad, sino fruto del trabajo diario desde edades muy tempranas. Todos tienen talentos innatos, pero también mucho sacrificio.
En el caso de Michelle, sus primeros golpes fueron a los cuatro años, cuando empezó a practicar en el club de golf de su padre. Así fue como comenzó su gran pasión por este deporte. Desde entonces la hawaiana no ha parado de jugar, y su trayectoria tiene muchas similitudes a la del gran dominador del circuito masculino, Tiger Woods.