Es un icono del deporte mundial. Pau Gasol, el imberbe baloncestista que emigró hace ya algunos años hasta la siempre inhóspita NBA, ha vuelto más alto, más fuerte y con barba. Es un fenómeno de masas, el capitán de la mejor selección del mundo, el hombre que nunca falla.
Acostumbrado a capitanear el frágil destino de los Memphis Grizzlies, la selección es su hábitat natural. Con los suyos, los nuestros, se divierte, anota, sonríe y gana. Todo un despliegue que ya triunfó en el Mundial de Japón y que parece no tener techo. La carrera de Gasol no para de crecer. Repásala.