A principio de la temporada 2006/07 parecía que el holandés y Ronaldo formarían una de las parejas atacantes más temibles del planeta fútbol. Sin embargo, tras conocerse el adiós del brasileño, el ariete tulipán se vio obligado a trabajar por los dos.
Nada nuevo en un hombre que debió firmar un pacto con el balón por el que nunca dejaría de golear. Así, entre goles, ha transcurrido su carrera. Y en el Real Madrid no iba a ser menos.
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