Sin la rémora de las lesiones sufridas a lo largo de su carrera, habría podido superar esa marcas. La relación de Graf con los hospitales se remonta a 1990, cuando en febrero sufrió una fractura en un dedo.
Pero su maldición comenzó de verdad tres años después: sufrió su primera operación en el pie derecho y, con todo, apenas seis semanas más tarde se impuso en el Masters. Esa brillante reaparición no oculto, sin em bargo, la debilidad de sus huesos. De nuevo la espalda y la rodilla izquierda pusieron a la alemana contra las cuerdas en 1995. Fue el aviso del calvario que luego soportó durante el resto de su carrera profesional y que ayer acabó.
El tenis les convierte en mitos: