
El duelo de cuartos de la Champions entre Arsenal y Liverpool se cierra en tablas (1-1).
VMT -08:45:18 - 03/04/2008
Si la gran revolución americana, la de Thomas Payne y los derechos del hombre, ha extendido finalmente una civilización basada en la jornada electoral eterna y la quiebra de todas las seguridades, ¿a quién le puede extrañar que Italia, país del estilo y el "dolce far niente" nos haya dado el fútbol de la áspera eficacia.
El Liverpool del español Rafa Benítez hizo un trabajo italiano al Arsenal del francés Arsène Wenger, en la noche del miércoles, en el bello teatro de los Emiratos, y empató la primera parte de unos cuartos de final de la Liga de Campeones que le deja ya como favorito para pasar la eliminatoria.
Los del norte intentaron el ataque en el principio del partido gracias al bisturí en la mirada y el rifle de precisión en la bota de Xabi Alonso, que intentó en un par de ocasiones, en el minuto 5 y otra vez en el 15, meter balones rasos al área, donde Kuyt y Hyppia pudieron hacer más.
A esos minutos de tanteo, con un Liverpool más prometedor, siguió una fase de dominio del Arsenal, que es exuberante gracias a sus pases y movimientos rápidos, que explotan el espacio entre la línea de centro de campo y la defensa, donde Fabregas, y especialmente, en esos lances de la primera parte, Van Persie, buscaron la conexión peligrosa.
Habían creado peligro fortuitamente, con una salida en falso de Reina a un buen paso largo de Fabregas a Adebayor, pero, en el minuto 21, llegaron por propios méritos, con Fabregas combinando en la derecha y extendiendo el balón hacia el centro, a Van Persie, que chutó con mala intención para que salvara Reina. Córner.
Benítez tuvo problemas tras su llegada a Liverpool al imponer la defensa zonal en las jugadas a balón parado. El problema con la defensa zonal es que requiere una filosofía colectiva de agresión, de ataque al balón. Cuando un equipo está siendo empujado y siente dudas, esa concentración y furia colectiva faltan.
Un error
El saque de esquina lo remató Adebayor, sólo, pero había hasta cuatro delanteros del Arsenal en posición de remate ante una defensa zonal pasiva, cohibida, del Liverpool, que tenía en el cabeza posiblemente el retroceso en los últimos minutos. Pero este Arsenal del francés Wenger no sabe cerrar un partido a la italiana.
Gerrard, el gran capitán de Anfield, se benefició de la pasividad de Flamini en el borde del área, del acoso flácido, primero, de Eboue, y, después, de Touré, y se metió hacia la línea por la banda izquierda. Su balón cruzado fue rematado a la red por Kuyt. Habían pasado tres minutos desde el gol de los de casa.
Y, a partir de ahí, el Liverpool de Benítez demostró que sí sabe cerrar un partido. En Inglaterra, a eso lo llaman fútbol continental, pero, en el llamado continente, todos los equipos lo aprendieron de la escuela italiana. El Liverpool estrechó la línea entre centro del campo y defensa y ahogó al Arsenal.
Fue una segunda parte de desgaste. Los del norte de Londres empujaron, pero tuvieron sólo alguna ocasión esporádica. Mascherano y Skrtel, majestuosos en su austera tarea. Fue un largo pasaje, hasta que llegó el cansancio, para admirar la autodisciplina de un equipo y la limpieza ejemplar de los dos.
Un partido con estas cualidades técnicas y este buen rollo entre las dos escuadras debió alterarse en el minuto 65, cuando Kuyt agarró a Hleb cuando avanzaba en el área, en el mejor momento de acoso del Arsenal. El árbitro estaba allí mismo y no vio el penalty. Fue un buen arbitraje, pero ese error dejó al Liverpool con una gran ventaja para el partido de vuelta.
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