
Más de 6.000 policías y soldados rusos forman un dispositivo que no se recordaba desde los Juegos Olímpicos de 1980.
VMT -09:52:15 - 21/05/2008
Desde hacía décadas no se contemplaba en Moscú un despliegue policial de tal envergadura ante un evento deportivo. La final de la Liga de Campeones que el miércoles la noche se disputa en la capital rusa entre el Manchester United y el Chelsea ha movilizado a más de 6.000 policías y soldados rusos llegados desde siete regiones del país, incluida Chechenia. La ciudad no había afrontado nada parecido desde que fue sede olímpica en 1980.
Helicópteros, vehículos blindados, unidades de caballería, 400 perros y cerca de 2.000 camiones y automóviles forman parte del operativo policial que desde el lunes fue puesto en marcha en la principal urbe rusa para garantizar la seguridad de los deportistas y de los 60.000 visitantes extranjeros. De ellos, más de 40.000 disponen de entradas, ciudadanos británicos en su mayoría. El resto tendrán que conformarse con ver el partido por televisión en algunos de los numerosos bares y pubs moscovitas o en casa de algún amigo.
Pero lo importante es estar ahí para celebrar la victoria y eso es lo que más preocupa a las autoridades rusas como también aquellos que intentarán ahogar en alcohol el disgusto de la derrota. Viacheslav Kozlov, jefe adjunto del departamento de Policía de Moscú, era consciente de que, en las próximas horas, "Rusia se juega su imagen internacional". "Evitar atentados terroristas es el principal objetivo, pero también impedir que se produzcan altercados", admitía Kozlov.
Pavor al ‘hooligan’
Y es que los agresivos ‘hooligans’ causan pavor a los encargados de velar por la seguridad. Teniendo en cuenta las tensas relaciones que actualmente mantienen Moscú y Londres, una brutalidad desmedida por parte de los agentes rusos levantaría polvareda. Tampoco diría mucho en su favor una permisividad que terminase conduciendo a disturbios graves. De manera que las fuerzas del orden rusas tendrán que aplicarse.
De gran ayuda serán los 16 inspectores de Scotland Yard que se han trasladado a Moscú para asistir a sus colegas rusos en la tarea de identificar a hinchas violentos que, pese a estar en la lista negra de reincidentes, hayan conseguido de alguna manera obtener entrada y llegar a Rusia. Gracias a un decreto del presidente Dmitri Medvédev, no se está exigiendo visado a los asistentes al encuentro.
De utilidad serán también las 65.000 cámaras de video instaladas por todas partes. "Cubren prácticamente la totalidad de la ciudad", decía ayer Kozlov. Además, en el complejo deportivo de Luzhnikí, en donde se encuentra el estadio, se han abierto dos grandes espacios acotados, uno para los hinchas del Chelsea y el otro para los del Manchester. Se trata de mantenerlos ocupados y, según palabras del ministro ruso de Deporte, Vitali Mutkó, "de evitar que se junten".
En Luzhnikí no se podrá consumir cerveza ni ninguna otra bebida alcohólica, lo que podría animar a los aficionados a abandonar el recinto en búsqueda de bares. En esos trasiegos va a ser inevitable que se crucen forofos de uno y otro equipo. Inquieta también la posibilidad de que grupo ultras rusos se desquiten con los ingleses por la puñalada que recibió hace una semana en Manchester uno de los seguidores del Zenit de San Petersburgo, conjunto que venció al Rangers escocés en la final de la copa de la UEFA. El exorbitante precio de los hoteles moscovitas se ha convertido en un buen aliado de las fuerzas de seguridad, ya que la mayoría de los hinchas británicos llegarán y se irán de Moscú el mismo día del partido.
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