
Octubre 2002. España juega en Albacete contra Irlanda del Norte para la Eurocopa 2004. También lo hacen los sub 21 en Hellín. Luis Suárez, como asesor del presidente del Inter, acude a ver los dos partidos para seguir a los jugadores.
VMT -08:08:02 - 22/04/2008
En la comida, se sincera. «Enrique, estoy siguiendo a un jugador especial. Hacía mucho que no veía nada parecido. Tiene 17 años. Se llama Cristiano Ronaldo y es del Sporting de Lisboa. Lo tiene todo. Velocidad, potencia, envergadura, regate. Es bueno, muy bueno. Será un número uno...».
Cinco años largos después, ya lo es. Es el Ronaldo (Ronaldo III) del presente... y del futuro. Se llama Cristiano. Nació en Madeira y creció en Lisboa. Tiene 23 años, juega en el Manchester United y hoy por hoy es el mejor futbolista del mundo, candidato número uno a ser elegido como tal a final de año. Hasta esta temporada había llegado a las primeras páginas por su regate, su velocidad con balón y sin balón, su cambio de ritmo, su potencia, sus aceleraciones... pero en su quinta temporada en la Premier ha explotado como goleador. 38 tantos en 42 partidos. ¿Qué más se le puede pedir a un delantero?
El otro Jorge Mendes. El futuro del Barça en la «Champions» -y por tanto del fútbol español- pasa porque el «7» de los «diablos rojos» tenga dos malas tardes. Difícil, complicado, casi imposible que falle dos partidos consecutivos. Ese chaval que Luis Suárez descubrió en los juveniles del Sporting de Lisboa gracias a la llamada de un intermediario portugués de nombre Jorge Mendes -curiosamente, no es el mismo que ahora dirige el rumbo de Cristiano Ronaldo- ya está consagrado. No le falló el ojo ni al que le puso en aviso ni al único futbolista nacido en España que ha ganado el Balón de Oro. Pero sí le falló a los directivos del Inter, que le dejaron escapar. O mejor dicho, llegaron tarde. Cuando Ferguson ya le tenía en su factoría de Old Trafford a cambio de casi 18 millones de euros, en una operación muy parecida a la que ha realizado esta temporada con Anderson (brasileño del Oporto, 20 años recién cumplidos) y Nani (internacional portugués del Sporting, 21).
Era un gallo de pelea. Cada vez que le ve jugar, a Luis Suárez casi se le saltan las lágrimas. Era su niño. Y le quería para su Inter. «Me llamó Jorge Mendes -recuerda desde Milán- y me dijo que fuera a verle porque era un chaval que no tenía nada que ver con los demás. Estaba todavía en los juveniles del Sporting. La primera vez que le vi todavía tenía 16 años. Ya era alto para su edad. Y fuerte. Jugaba en campos de tierra, con barro, y marcaba las diferencias. Se veía que iba a ser bueno. Los contrarios lo sabían e iban a cazarle. Era un gallo. No se arrugaba. Me mandaron después un vídeo suyo de un partido que jugó en Vigo en un torneo. Marcó un golazo...».
Cristiano subió al primer equipo. Boloni, un rumano miembro de aquel Steaua que le quitó al Barcelona la Copa de Europa en Sevilla (1986), también estaba al tanto de las virtudes del chaval de Madeira que había crecido en las categorías inferiores del club. Los caprichos de la vida quisieron que el Sporting se enfrentara al Inter en la previa de la «Champions». Cristiano jugó unos minutos. Luis Suárez continuaba su espionaje de incógnito porque ya había otros clubes tras sus pasos.
Delantero centro libre. «Siempre pensé que su puesto era delantero centro, aunque a un jugador de sus facultades nunca hay que atarle, hay que soltarle las bridas. Entonces en el Sporting tenía a Cuaresma en la derecha -era mayor que él- y a Jardel de delantero centro. Él jugaba a veces por detrás del ariete. O le ponían en la izquierda y se cambiaba con Cuaresma. Cuando llegó al Manchester se tuvo que acoplar a la banda derecha porque en el centro estaba Van Nistelrooy. Ferguson le hizo un hueco rápido en la banda porque se había marchado Beckham al Madrid».
Entonces el representante de Cristiano Ronaldo era Luis Veiga, el mismo de Figo y de Cuaresma. Después entró en acción Jorge Mendes y lo fichó para su escudería. Le regaló una casa en Lisboa. A Quaresma, un Porsche. En esa casa de la capital portuguesa Luis Suárez estuvo reunido con Cristiano y su familia. Madre, hermanos, primos... Cuaresma esperaba abajo con su bólido. Ya no tenía ninguna duda. Recomendó en su club el fichaje, pero el precio echaba para atrás. El Sporting ya pedía cerca de los quince millones y sólo tenía 17 años recién cumplidos. «En uno de los muchos partidos que le vi marcó un tanto como el de Ronaldo al Compostela. Su proyección era tremenda. En Primera era mucho mejor jugador que en juveniles. Me consta que el Juventus también estuvo tras sus pasos. El Manchester firmó entonces un convenio con el Sporting, creo que gracias a Carlos Queiroz, la mano derecha de Ferguson. Después jugaron ese amistoso del mes de agosto de 2003 y cerraron la operación en 48 horas. Podía haber sido nuestro dos años antes. Son las cosas del fútbol. Entonces sólo le faltaba gol. Era un espectáculo verle jugar, pero no remataba tanto. ¡Cómo regateaba! Parecía un jugador de mi época. Esta temporada ha demostrado que cuando se tienen tantas cualidades también se puede conseguir la de goleador. Era cuestión de tiempo».
El «7» emblemático. Cuenta la leyenda urbana que ya acompaña la bibliografía del jugador que cuando aterrizó en Old Trafford pidió el número «28», el mismo que llevaba en el Sporting. Alex Ferguson se giró y le dio la camiseta con el «7». Palabras mayores. El número de George Best, de Brian Robson, de Eric Cantona, de David Beckam... De hecho acaba de superar uno de los récords míticos del club. Ningún extremo había alcanzado los 32 goles de Best en 1968 y Cristiano esta temporada ya va por los 38 en 42 partidos. A saber: 28 en 31 encuentros de la Premier, 7 en los 8 de la «Champions» y 3 en otros tantos duelos de la FA Cup. Su próximo objetivo es lograr los 42 que marcó Dennis Law en 1964, la mejor marca realizadora de la historia del United. Otro detalle: Best ganó el Balón de Oro en el 68... Cuarenta años después Ronaldo es el máximo candidato.
Carácter indomable. No le ha sido fácil llegar a la cima, como no le será mantenerse. En su vida ha superado momentos complicados. Se marchó de casa con 11 años y en Lisboa lo pasó muy mal. La misma leyenda urbana que él no ha negado en algunas entrevistas asegura que estuvo a punto de agredir con una silla a un profesor del colegio porque los otros niños se reían de su acento de Madeira. Y también que insultó a un entrenador de juveniles. Su rebeldía fue a más. Está comprobado que se saltó un control antidopaje en un Europeo sub 21 en Clermont-Ferrand (Francia) después de destrozar el vestuario con sus compañeros. Y que le pusieron un partido de sanción por hacer un corte de manga a la afición del Benfica, su eterna enemiga.
Ya en Manchester, su fuerte carácter encontró barreras. Su forma de entender el fútbol, sus regates, fintas, desplantes, algún que otro piscinazo, no fueron del agrado de los rivales. No entendían bien en las Islas que un futbolista lesregateara y se parase para volver a regatearles. Él siempre ha tenido una explicación para su forma de entender el fútbol. «No me considero un provocador. Soy un regateador de nacimiento. Siempre he jugado así. Yo no driblo por humillar al contrario, driblo porque es mi fútbol. Maradona siempre fue mi ídolo, siempre quise ser como él».
La muerte de su padre (2005) le sumió en una crisis personal superada por el apoyo de la familia, que se instaló con él en su gran casa de campo -casi un polideportivo por la omnipresencia de espacios para practicar deporte-. Después llegó el Mundial de Alemania (2006) y la bronca con su compañero de equipo Rooney. En el Portugal-Inglaterra pidió su expulsión al árbitro. Wayne vio la roja y a partir de entonces Cristiano sufrió un calvario. Los periódicos sensacionalistas se ensañaron contra él y a su vuelta a la Premier era abucheado en cada campo que visitaba. Superó el trance gracias a Alex Ferguson. Su segundo padre. El hombre que todos los días habla con él.
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