
Finalmente, Roman Abramovich, dueño del Chelsea, se quitó la careta.
VMT -08:38:39 - 24/09/2007
Al igual que Piterman, el magnate ruso ha decidido tomar el mismo camino que el ex presidente del Alavés, es decir, el de convertirse en presidente-entrenador. El ruso ni siquiera esperó a echar a Mourinho. Los hechos ocurrieron cuando el técnico estaba en la rueda de prensa posterior al Chelsea-Rosenborg, primer partido de la Liga de Campeones.
Abramovich entró en el vestuario para charlar con Terry y utilizó a Shevchenko como traductor. El ruso ya venía masticando la decisión, pero la charla con el central internacional aceleró los acontecimientos. Terry se quejó de que Mourinho no ordenase al centrocampista Essien jugar con pases más largos, al tiempo que manifestaba su malestar por haber tenido que jugar el partido infiltrado por padecer unas molestias.
Era lo que Abramovich estaba esperando. Amparado en las quejas de Terry y en las ya antiguas reivindicaciones de Shevchenko, anunció que sería él quien tomaría las decisiones técnicas del club y que utilizaría a Avram Grant, el declarado técnico interino del equipo, para comunicar sus decisiones a la plantilla.
La decisión ha provocado la división en el vestuario. Mientras Terry y Shevchenko se limitaron a dar un frío apretón de manos a Mourinho en su despedida, Lampard y Drogba se mostraron muy afectados. Incluso, se dice que el delantero africano comenzó a llorar por la marcha del entrenador portugués. Los resultados empezaron a verse ayer: Manchester, 2; Chelsea, 0, con goles de Tévez y Saha.
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