
Guti Haz, como se anuncia ahora en la camiseta, se levantó ayer con el pie bueno. Tenía motivos sobrados. Era su cumpleaños, su 31 aniversario.
VMT -10:27:19 - 01/11/2007
Sólo falló el escenario porque tuvo que soplar las velas en el hotel de concentración junto a sus compañeros, pero sin probar el dulce por eso del protocolo alimenticio que imponen los gurús de la dieta.
La fiesta, para más tarde. Para Mestalla. Allí, Gutiérrez refrendó que su vida futbolística discurre por un tramo frondoso. Y no es una plaza fácil para lucirse. Pero la lucha de anoche presentaba demasiado desequilibrio. Un Valencia de velatorio, con un Real Madrid empacado y con un inconmensurable Guti al timón.
No hubo color. Bueno sí, uno. El de las botas rojas adornadas con un felino del "14". Schuster retocó el centro del campo y metió a Gago junto a Diarra, como en la Supercopa. Este movimiento aligeró las tareas defensivas de Guti y le permitió volcarse en la parcela ofensiva. Se situó astutamente entre Albelda y los centrales Albiol y Helguera, y desde ahí, entre líneas, organizó y dirigió el mayor rondo que se ha visto al Real Madrid esta temporada. En Mestalla, una tierra abonada de minas para el madridista.
Hasta anoche, Guti acumulaba cuatro pases de gol. Ya cuenta con seis. Su recital fue espectacular. Fue la correa de distribución entre la defensa y el ataque y participó en casi todos los goles blancos, con aportación directa en el segundo de Van Nistelrooy, con pase sin mirar a Robinho. Dejó otro sello en el tanto de Sergio Ramos.
Si completo fue el trabajo futbolístico, también lo fue en la parcela mental. Estaba apercibido de sanción y se tragó los noventa minutos sin perder el hilo del partido y del resultado. En muchas ocasiones se le había acusado de borrarse en los partidos grandes fuera de casa y el Madrid juega el sábado nada más y nada menos que en el Pizjuán ante el Sevilla.
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