
Frank Rijkaard valoró ayer su lustro como técnico del Barcelona, club al que llegó cuando se ahogaba en las miserias y al que elevó a los altares con un fútbol tan sibarita que da pena ver el que practica en la actualidad.
VMT -08:10:07 - 11/05/2008
No suelen recibir los técnicos homenajes en su adiós. Acostumbrados a salir casi siempre por la puerta de atrás, sin opción a despedirse de su gente, los entrenadores habitan acostumbrados con el negocio del fútbol, que no entiende de amistad cuando los resultados no son los esperados. Es lo que le ha pasado a Frank Rijkaard, querido por todos y que hoy se sentará por última vez en el banquillo local del Camp Nou. A las 21.00 horas, contra el Mallorca sin nada en juego, con un temporal que ni se recuerda en Barcelona y en medio de un puente -el lunes es festivo en la mayoría de Cataluña-, un triste "hasta la vista" para un hombre que ha hecho historia.
Es el único reclamo para que la gente vaya esta noche al estadio. Eso y los pañuelos negros a Laporta, que ha logrado desviar la atención con el nombramiento de Guardiola y camuflarse en una nueva cortina de humo, ideal para pasar lo más desapercibido posible. Pero ya no se le tolera ni una más. La gente está del todo hastiada y el presidente, que ha pasado de ser nominado a catalán del año a vivir en sus propias carnes la crispación del socio con una moción de censura planeando en el ambiente, será castigado por la parroquia, quemada de tanto embaucador.
Siempre elegante, fiel al estilo que ha acabado con él por su excesiva permisividad con los egos del vestuario, Frank Rijkaard valoró ayer su lustro como técnico del Barcelona, club al que llegó cuando se ahogaba en las miserias y al que elevó a los altares con un fútbol tan sibarita que da pena ver el que practica en la actualidad: "Ha sido un gran honor. La gente que he conocido aquí nunca la podré olvidar", comentó en un discurso sentido y vacío de rencor, 100 por 100 Rijkaard.
Ni una palabra fuera de tono, todo según el guión. El holandés, que lucía un polo con la palabra "amor", eximió de toda culpa a sus protegidos alumnos y al presidente: "Asumo mi responsabilidad y eso es una cosa natural. Se habla mucho del presidente, pero él no puede marcar goles. El área deportiva fue dirigida por mí y si los resultados no son los que queremos, qué tiene que ver el presidente con esto", resumió.
No quiere llamar la atención, no le gusta, pero sabe que la de hoy es una noche especial en la que le toca ser uno de los focos. El otro estará en el palco, en donde Laporta reza para que el Mallorca no se cebe con un equipo completamente destrozado.
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