
Hace un par de meses, casi todo el mundo coincidía en el análisis del trabajo de Robinho. Iba camino de firmar su mejor temporada en el Madrid... hasta que llegó la lesión en el partido frente al Valladolid (10 de febrero).
VMT -11:02:07 - 12/04/2008
El cuerpo médico diagnosticó una microrrotura en la fascia del músculo abdominal. Una lesión tan incómoda como dolorosa, de riesgo y a diez días de la eliminatoria de la «Champions» ante el Roma. El percance necesitaba de tres semanas para sanar y un esfuerzo extra para recuperar la forma. Se cumplió el primer plazo y se descuidó la segunda parte del guión por las urgencias de la competición y por la displicencia del jugador.
Es cierto que a Robinho le forzaron para que jugase la vuelta de la «Champions», un detalle que perjudicó la recuperación. El jugador entró en una crisis de atolondramiento. No hizo al pie de la letra los trabajos de prevención ni se protegía adecuadamente la zona dañada.
En definitiva, se descuidó, bajó su nivel y apareció la versión más brasileña del delantero, esa que les tilda de despreocupados. Lógicamente bajó su nivel futbolístico y cayó su competitividad en los entrenamientos. Quizás pensó que con el colchón de juego y de goles de la primera vuelta bastaría para seguir en el once.
Error. Schuster le concedió un par de partidos para salvar el aprobado y finalmente acabó en el banquillo, donde ha pasado los dos últimos encuentros -sólo jugó cuatro minutos ante el Sevilla y no rascó bola en Mallorca-. El escarmiento parece que ha dado sus frutos y Robinho se ha entrenado mucho mejor esta semana. Se ha mostrado más participativo y parece que ha vuelto al redil, detalle que le podría otorgar la titularidad mañana frente al Murcia.
Más noticias de Primera