
Cannavaro se opone a las afirmaciones del dirigente de la FIFA, que comparó los contratos de larga duración que firman los clubes con sus estrellas como un modelo de "esclavitud moderna".

Repudiado por el 60,6 por ciento de la masa social del Barcelona, y censurado por ocho de sus diecisiete directivos, el presidente necesita imperiosamente apoyos para que le guíen hacia el final del túnel, pues ahora mismo está perdido.