
Miró de reojo a la banda y al instante bajó la cabeza. Volvió a dirigir sus ojos hacia el cartel luminoso del cuarto árbitro y entendió que no era un error.
Vocento VMT -08:09:46 - 21/09/2007
Otra vez el «10» pagaba el pato, otra vez Ronaldinho abandonaba el campo para, contradictoriamente, activar a un Barcelona renqueante. Él, inventor de la historia reciente del club, parece más un estorbo que otra cosa. Ronaldinho no chuta y ya ha dejado de ser intocable.
Era el minuto 65 y, después de que el Camp Nou rompiera su eterno silencio con algún pitido aislado por la mediocridad de su juego, Ronaldinho dejó el campo para que Iniesta arreglase el percal. Al brasileño se le borró la sonrisa y se quitó el brazalete de mala manera mientras recibía un cachete cariñoso de Xavi. Al tiempo que enfilaba hacia la banda, el estadio le indultó con una generosa ovación, pero era insuficiente para calmar su enfado interno. Esquivó la mirada de Rijkaard y se refugió en la segunda fila del lujoso banquillo azulgrana. No entendía nada.
Esta es la situación actual de Ronaldinho, quien se borró de la Copa América para estar fresco con su club y al que todavía no se le conoce reacción alguna salvo destellos aislados a balón parado, especialidad que engorda sus incuestionables números. Nadie acierta cuando se le cuestiona al respecto, nadie entiende el bajón impresionante del mago de Porto Alegre, quien tiene un enfado descomunal. «Es un jugador impresionante. Puede tener su mejor o peor partido, pero siempre quiere lo mejor para el equipo y no podemos olvidar todo lo que le ha dado al Barcelona. Si él está bien y rinde, el equipo también rinde más. Él da movilidad al equipo, creo que el público está con él, y, si no, debería estarlo por todo lo que ha dado al club», recordó Leo Messi.
A Rijkaard no le tiembla el pulso El técnico, señalado por su decisión en el primer partido de Liga después de sentar a Messi - cuando era el mejor del equipo-, se ha armado de valor y ha sustituido a Ronaldinho en las tres últimas citas del Barça. Un dato que sorprende, pues de los 40 encuentros que jugó la pasada campaña entre Liga y «Champions» acabó 33 -seis cambios y una expulsión-.
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