
Cada mañana Diego López acudía a Valdebebas arropado por un pensamiento impuro. No lo deseaba. Sabía que sólo podía jugar si Casillas ingresaba en el parte de lesionados. No tuvo esa oportunidad.
VMT -08:23:35 - 28/01/2008
En tres temporadas sólo jugó once encuentros oficiales, en los que recibió nueve goles. La experiencia fue corta. Disputó dos partidos de la Liga de Campeones intrascendentes porque ya estaban clasificados (ante el Dinamo en Kiev y ante el Olympiakos en Atenas). Le tocó la Copa y ahí se sintió futbolista hasta que se lesionó en el Ruiz de Lopera en la eliminatoria ante el Betis. Le sustituyó Íker y ya no volvió a jugar. La temporada pasada aguantó dos rondas (Écija y Betis).
Más cruda fue la travesía en la Liga. Participó en dos encuentros en tres años. Fue en la temporada 05-06 y debido a la expulsión de Casillas en El Sadar. En Pamplona completó diez minutos y cubrió la sanción en Santander ante el Racing (2-3). No pudo debutar en el Bernabéu.
Harto de calentar banquillo aceptó la oferta del Villarreal. Y casualmente ayer le tocó el papel que perseguía. Titular en Chamartín, pero con otro equipo. El momento para reivindicarse. Pese a los goles su actuación fue buena. Y eso que la noche no empezó bien. El primer balón al área terminó en gol. Sus lamentos sirvieron de poco. No tuvo tiempo ni de quitarse los nervios. Lo hizo más tarde en un paradón a bocajarro a Salgado y en una palomita a Guti en una falta.
En la segunda parte vivió su momento más crítico. Fue con el segundo gol. En un contragolpe salvó dos balonazos a medio metro. No pudo con el cachetazo de Robinho. Se agarro tal cabreo que casi saca el balón del estadio de un patadón.
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