
Un nuevo gol de Díaz de Cerio sirvió a la Real para remontar al Tenerife y dejar atrás 2007 con victoria.
Vocento VMT -09:17:18 - 23/12/2007
Chris Coleman se metió al túnel de vestuarios discretamente. Sin aspavientos. Consciente de que su cabeza quizá no vuelva a asomar nunca más por esas escaleras. Se fue con la cabeza alta, con un nuevo triunfo de su proyecto, el que ha defendido sin debilidades desde que aterrizó en la Real. Sus chicos no le defraudaron. Goles de Elustondo y Díaz de Cerio. Otro paso al frente en la tabla. 28 puntos. Ésa es la hoja de servicios que estará en la mesa del presidente el 4 de enero a primera hora de la mañana. Ahí queda el trabajo del entrenador, al que lo único que se le puede decir es well done, mister Coleman: bien hecho, señor Coleman.
Ha creído como nadie en su equipo, al que ha defendido en las peores circunstancias. Ha explicado una y mil veces cómo entiende él a la Real, que es igual que como la sienten muchísimos aficionados. Ha sido leal con su gente. Ha sido valiente. Como entrenador habrá generado filias y fobias, disparidad de opiniones sobre sus capacidades. Así es el fútbol. Su trabajo técnico, táctico y estratégico queda para el análisis de los especialistas. Su equipo, el que se expone a la vista de todos cada semana, ha llegado a las Navidades en una situación envidiable, reforzado por las adversidades.
La Real volvió a ganar ayer un partido complicado. Y lo hizo jugando bien. Porque la Real jugó bien aunque exigió paciencia a los suyos, una vez más. En 41 minutos de juego, el único blanquiazul que dio señales de vida fue Asier Riesgo y lo hizo para sacar un balón de su portería. Lo demás, casi nada, sujetarse al partido y poco más. A veces eso es fundamental. Pero al filo del descanso Delibasic forzó la expulsión del portero, lo que llevó la algarabía a las gradas, pero, en realidad, anunciaba problemas. En esas acciones es mejor el gol que la expulsión. La Real no transformó la falta y se fue perdiendo al descanso.
Se avecinaba un segundo tiempo agónico, con el equipo ansioso por tener que ganar a un rival en inferioridad con el aliento de la grada en el cogote. Nada de eso. Los jugadores dieron un paso adelante, por encima de todos un enorme Xabi Prieto, y la Real apabulló al Tenerife.
El equipo demostró madurez para sobreponerse a la presión que suponía cada pase atrás, necesario, pero doloroso. Los realistas sabían que ése era el único camino y no se desviaron por el atajo. Insistieron, trataron de abrir espacios moviendo el balón y poco a poco fueron apareciendo. La labor de Prieto fue decisiva. Se ofreció en cada resquicio que iba apareciendo, por la derecha, por el centro, por la izquierda, por todas partes. Pronto llegó un cabezazo de Díaz de Cerio al larguero. Poco después, el gol de Elustondo en la suerte que mejor maneja: llegar desde atrás en carrera. El balón llegó de la enésima combinación entre Prieto y Estrada.
La Real se olvidó de esa leyenda de que es más difícil jugar contra diez que contra once y no flaqueó en su voluntad de ganar. Mister Coleman sorprendió quitando a Delibasic con cero a uno, pero el gol de Elustondo llegó inmediatamente después y la fe se apoderó de los realistas.
Hubo hasta tres buenas ocasiones en los siguientes diez minutos y luego apareció Díaz de Cerio. Vivió todo el partido en la línea del fuera de juego. Ese terreno fronterizo es tierra de desesperación. Se toca el balón poco o nada y se vive al límite. El gol está ahí, pero casi nunca se puede alcanzar. Los compañeros no se atreven a pasar porque la amenaza de la bandera levantada es constante. Hay que saber vivir ahí. Hay que resistir y sólo hay una forma de hacerlo. Repetirse sin cesar que basta con una, con que el línea no levante una vez basta para justificar todo un partido sin tocar el balón. Ése juego es así y no hay otra solución. Díaz de Cerio, acelerado por definición, fue paciente. Esperó y le llegó. Ahí estaba el balón, lo supo, giró la cabeza y fue gol. ¿Qué hacía el portero? ¿Cuándo se preocupó un cazagoles de raza de eso? Los goles son goles y no hay más que hablar. Por segunda semana consecutiva daba los tres puntos a la Real.
En ese momento Coleman supo que había cumplido con su trabajo. Deja una obra hecha y merece la confianza de continuar con ella, con alegrías como ayer y las decepciones que necesariamente llegarán. Pero con una idea, un compromiso y una forma de hacer que encajan bien con lo que muchísimos realistas entienden que es su equipo.
No son tiempos fáciles para clubes como la Real. La globalización, o sea, la televisión, impone pautas y marca tendencias imposibles de obviar. Se quiera o no, la Real, como equipo de élite, participa en ese circo y no puede colocarse de espaldas a la realidad que le rodea. Pero mucha gente va al campo o se sienta delante de la tele o pone la radio con la ilusión de sentir a su equipo, porque la Real es eso, un sentimiento antes que un espectáculo. Es necesario el espectáculo, claro, son imprescindibles las victorias, por supuesto, es exigible que la Real esté en Primera, faltaría más, es legítimo aspirar a grandes jugadores, evidentemente, pero es vital que la Real sea la Real. Y eso para cada realista será una cosa distinta, pero lo que ha hecho Coleman es ir por ese camino, hacer Real. Por eso, well done, mister Coleman.
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