
Peor final de año, imposible. Herido en su orgullo, el Barcelona afronta el parón navideño a siete puntos del Real Madrid.
Vocento VMT -07:42:02 - 26/12/2007
La derrota del domingo ante los blancos ha dejado a la Ciudad Condal sumida en un estado depresivo que sirve para resumir un año de despropósitos. Cuesta encontrarle un atisbo de reacción a este equipo, por mucho que se empeñen los jugadores en solicitar un margen de confianza mayor.
Se baja el telón a un año para olvidar. Clásico al margen, el Barcelona cierra el curso 2007 con un bagaje pésimo en lo deportivo y con el deterioro de un equipo que nadie acierta a adivinar si volverá algún día por sus fueros. Ahora tiene unos días de asueto antes de volver al trabajo el 29 para preparar el encuentro de Copa del 2 de enero ante el Alcoyano.
Efectivamente, la inercia de la autocomplacencia que proclamó Joan Laporta ha sido el peor de los males del Barcelona. Con una rutina cada día más parecida a aquella de los galácticos que tan pésimos resultados tuvo en la acera blanca, el Barça se descompone al tiempo que sus estrellas dejan de brillar. Mal año en lo colectivo y en muchos casos también en lo personal. Valga como ejemplo Ronaldinho, que merece un capítulo aparte.
Cuesta descifrar el inicio de la caída. Muchos apuntan a que el Barcelona dejó de ser el equipo que encandiló a medio mundo hace justo un año, en aquel Mundial de clubes que daba por vencido antes de jugar, pero que se le escapó en la final ante el Internacional de Porto Alegre. Seguramente viene de antes, de la final de la Supercopa de Europa ante un Sevilla que le ridiculizó en Mónaco mientras los jugadores cubrían compromisos personales por la mañana.
La cuestión es que a lo largo de este 2007 las cosas se han torcido de mala manera. Teniendo el mismo bloque que se proclamó campeón de Europa el curso anterior, el Barcelona se contagió de la desidia y, saciado el apetito, se dejó llevar perdiendo todo por lo que luchaba. Fuera de la Liga de Campeones en octavos al caer ante el Liverpool, ridícula eliminación a pies del Getafe en la semifinal de la Copa del Rey y en la Liga se desperdició un colchón de puntos suculento que le robó el Real Madrid a base de garra y corazón, justo lo que le faltó a los catalanes.
Ni rastro del campeón
El 4-3-3 de Rijkaard ha pasado de ser un esquema repleto de posibilidades a ser algo monótono y que a nadie coge por sorpresa. Los rivales saben cómo les va a jugar el once azulgrana y lo peor del caso es que ni por asomo despliega el fútbol del ejercicio 2005-06. Lento en la circulación, con algún desa-juste en la retaguardia y con poco nervio a la hora de presionar, el Barça vive del talento de alguno de sus hombres de arriba.
Pero, ya que se habla de ellos, cabe destacar que no ha sido el mejor año para los atacantes azulgrana. Azotados continuamente por las lesiones, sólo Leo Messi aprueba con nota. De Samuel Eto"o poco se puede decir ya que, por desgracia para él, ha vivido más en la enfermería que en el campo. No ha tenido suerte el camerunés y su baja es la que más puede notar el equipo. Tiene el africano unas ganas y una motivación que no posee nadie y, efectivamente, es el primer defensa.
Abucheos a la gran estrella
Ahora bien, del mismo modo que es un futbolista total, este año será recordado por la «rajada» monumental cuando, justo después de reaparecer de su primera lesión, incendió el vestuario del Barcelona y lo partió completamente en dos. Lanzó dardos envenenados y puso en su sitio a Rijkaard -le llamó mala persona al desvelar el técnico que Samuel se había negado a entrar en un partido cuando recibió la orden- y a Ronaldinho, del que vino a decir lo que muchos piensan y pocos se atreven a exponer. Vamos, que trabaja lo justo.
Y así le va al brasileño. Ha dejado de ser intocable -incluso el otro día, tras su desastroso partido frente al Real Madrid, fue abucheado por algunos hinchas en el aeropuerto de El Prat al partir para sus vacaciones- y su futuro como azulgrana tiene mala pinta.
En un estado futbolístico lamentable, una y otra vez el brasileño acapara portadas. Una vez por su vida nocturna, otra por su últimamente reiterada suplencia cuando el Barça juega a domicilio, otra por su adicción al gimnasio mientras sus compañeros sudan en el entrenamiento... No desprende buen olor esta historia y el vestuario está cansado de tener ovejas negras que rompen la armonía. La parroquia también, hastiada con su actitud. Durante el clásico quedó retratado y la gente quiere que pasen los Bojan y compañía. Ya no confían en él y lo hacen poco en Henry, que no ha dado síntomas de mejora.
Al menos la lesión de Puyol, quien se retiró ante el Madrid, no es nada. Sólo una contusión en la rodilla derecha que necesitará una semana de reposo.
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