
Referencia de sus compañeros por su carisma y su veteranía en la selección, Casillas es también el ídolo de los aficionados y el principal candidato a liderar el equipo en la Eurocopa.
VMT -10:52:37 - 06/06/2008
Todos los futbolistas de la selección giran sus ojos hacia Iker Casillas cuando hay una pregunta incómoda en rueda de prensa o cuando Luis Aragonés mantiene una conversación seria con la plantilla. Su carisma personal, una curiosa mezcla de temple y desparpajo, y su número de internacionalidades -77, lo que le convierte en el más veterano de España por delante de Puyol a pesar de su juventud- le han erigido sin duda en el principal peso pesado del vestuario. Sus indiscutibles cualidades deportivas y humanas han situado al portero del Real Madrid en la posición idónea para dar el salto hacia el liderazgo del grupo, un rango huérfano desde que el también blanco Raúl dejó de contar con la confianza de Luis Aragonés.
Esa distinción, ya de por sí importante, adquiere una mayor trascendencia en una Eurocopa, competición en la que los jugadores necesitan sentirse siempre representados por un compañero que aglutine el carácter de esta selección: calidad y corazón. Basta observar un entrenamiento para comprobar que el guardameta está en todas las salsas. Porque él quiere, y también porque el resto le necesitan. Incluso el "Sabio de Hortaleza", que suele buscar el asentimiento del portero cada vez que transmite una orden en las sesiones preparatorias. Los partidillos a medio campo que organiza el técnico sirven para ver a un Casillas pletórico y siempre comprometido que no sólo corrige a los de su equipo, habitualmente los teóricos titulares, sino que también da consejos a los eventuales reservas.
Y todo ello con discreción, sin ningún afán de protagonismo. No es una casualidad que el redentor del Madrid en tantos partidos sea también el máximo ídolo de los seguidores de la selección, que rugen cuando llega y abandona los estadios o las instalaciones de entrenamiento. Se confirmó en Huelva, con motivo del amistoso ante Perú y, sobre todo, en Santander, donde el meta "merengue" impartió a sus compañeros un máster sobre cómo hacer afición. Al salir del Sardinero tras una sesión preparatoria en la víspera del choque ante EE UU, no dudó en mezclarse con los hinchas, que le pidieron autógrafos en todo tipo de soportes y le reclamaron la enésima fotografía con móviles o cámaras digitales. Contentó a casi todos y demostró una paciencia infinita, propia de los mejores líderes.
Muchos pensarán que estos gestos deberían estar incluidos en los sueldos, pero no lo parece a tenor de la actitud que demuestran algunos internacionales cuando sus fans tratan de acercarse a ellos. A Casillas sólo le falta darse cuenta de su ascendencia en el vestuario, de que tiene ese plus del que carece el resto para sacar a relucir sus galones en el terreno de juego. Es muy fácil crecerse en el campo cuando las cosas van bien, pero todos los profesionales necesitan a alguien a quien mirar cuando la situación se tuerce. Un gesto del líder en un momento de crisis puede resultar clave para un equipo. Y, en eso, Iker es el número uno.
Más noticias de Selección