
Las disensiones internas entre veteranos y jóvenes minan la convivencia de la selección francesa. La perla del Lyón sólo se lleva bien con Franck Ribéry. El problema es que estas tensiones influyen en las decisiones tácticas de Domenech.
VMT -13:09:10 - 16/06/2008
Karim Benzema personifica la lucha de clanes en la selección francesa. El "pichichi" y mejor jugador del campeonato de su país representa, a sus 20 años, a la nueva generación que amenaza el poder de los veteranos treintañeros, huérfanos y en declive tras la retirada de Zinedine Zidane. Pero el relevo no presenta prietas las filas.
La perla del Lyón sólo se lleva bien con Franck Ribéry que, a su vez, no se habla con Samir Nasri, con el que coincidió en el Marsella. Francia es una jaula de grillos a la que Raymond Domenech no consigue poner sordina.
El ridículo espantoso hecho con Rumanía (0-0) y la humillante goleada encajada ante Holanda (1-4) han desatado las lenguas en torno a un equipo electrocutado por las corrientes internas. El diario "Le Parisien" publicó ayer que, al término del encuentro contra los "oranje", Claude Makelele echó una bronca monumental a Benzema en el vestuario delante de toda la plantilla. Nadie entre técnicos ni jugadores intentó interponerse entre el viejo y el joven en un altercado revelador del conflicto generacional que mina la convivencia del grupo.
Benzema, que acostumbra a ir a su bola en solitario aislado del mundo exterior por los cascos de su MP3, exaspera a los barones por una actitud que tachan de arrogante e irrespetuosa. También les molesta la complicidad que le une a Ribéry en un tándem fusional que hace vida aparte en la concentración del lujoso hotel Mirador-Kempinski de Mont-Pèlerin, una colina que domina el lago Leman.
El problema es que estas tensiones propias de una cohabitación a la francesa influyen en las decisiones tácticas de Domenech. El técnico, que no alinea juntos a los enemistados Ribéry y Nasri, optó por recurrir al bisoño Gomis como revulsivo contra Holanda en detrimento de Benzema, en un gesto interpretado como un castigo. En el entrenamiento post-partido, el seleccionador mantuvo una larga conversación con la joven promesa cuyo contenido no ha transcendido.
"Problema de gestión"
Sin desmentir la existencia de desavenencias, Domenech prefirió ayer hablar de "un problema de gestión, lo que yo llamo engranajes internos". "Es extraordinario que nunca se plantea si hay disensiones cuando los equipos ganan. Hay momentos que son más tensos. Justamente, la fuerza de los equipos es tener recursos para superar los momentos difíciles y ser competitivos", positivó.
Por su parte, Ribéry puntualizó que en el equipo sólo ha habido discusiones. "Los antiguos, por su experiencia, intentan ordenar no pocas cosas. Los más jóvenes quizá no toman mucho la palabra. Pero no hay corte, no hay dos grupos. Nadie está enfadado. Hay que dejar de hablar y jugar porque tenemos detrás a todo un país", declaró.
"Se han hecho viejos"
Los observadores exteriores coinciden en diagnosticar un conflicto generacional entre los dos grupos en los extremos de la escala de edad a falta de un puente de unión intermedio. "Hay demasiados jugadores "muy viejos" y demasiados jugadres "muy jóvenes", a los que les falta experiencia. A menudo son los jugadores de edades intermedias, entre 26 y 28 años, los que marcan la diferencia a este nivel. No hay bastantes en este equipo", analiza Guy Roux, patriarca de los entrenadores galos.
Arsène Wenger, mánager del Arsenal, opina que "el equipo francés está partido en dos con una generación de treintañeros y otra de jugadores de unos veinte años sin que haya nadie entre las dos". El técnico alsaciano considera que los defensas "probablemente tienen demasiada experiencia". "En otros términos, se han hecho viejos. Antes, cuando estaban en dificultad, los franceses tenían la costumbre de pasar el balón para que Zidane hiciera algo", añade. Pero "Zizou" ya no está. Se jubiló. Atrás siguen Thuram (36 años), Sagnol (31), Gallas (30), Coupet (35)... Les quedan pocos telediarios.
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