
España afronta este miércoles un partido intrascendente contra Grecia con la mirada puesta en su cruce de cuartos que escribirá un destino en la Eurocopa.
VMT -13:07:21 - 18/06/2008
Una España plagada de reservas, hasta diez, afronta este miércoles en Salzburgo (20,45 horas, Cuatro) su último partido de la primera fase ante Grecia con la única motivación de llegar a su decisivo choque de cuartos del domingo con tres victorias. A diferencia de la Eurocopa de Portugal, en la que la selección no hizo los deberes y se tuvo que ir a casa al caer contra los anfitriones en el tercer encuentro, el equipo nacional se presenta a su enfrentamiento ante los griegos con la clasificación en el bolsillo y, lo que es más importante, dejando buenas sensaciones.
Luis Aragonés aprovechará la intrascendencia del choque para dar descanso a los habituales, excepto Iniesta, y comprobar el estado físico y anímico de los reservas si los necesitara como revulsivo en la eliminatoria que escribirá el destino de España en esta cita de Austria y Suiza. Ni siquiera la selección puede dar el pasaporte a la siguiente fase a otro combinado en función del resultado, ya que Grecia, una campeona de Europa en caída libre, está ya fuera de la competición tras ser derrotada por la rocosa Suecia y la joven Rusia.
Es un partido incómodo porque se corre el riesgo de que los titulares, en algodones desde el pasado sábado, pierdan el pulso al torneo por el tedio de la concentración en Neustift, que cada vez se hace más larga, y por los excesivos días transcurridos entre el segundo choque de clasificación y el vital enfrentamiento en Viena.
El cuerpo técnico es consciente de ello y ha incidido estos días en el trabajo mental para que el bloque de los elegidos mantenga la tensión y asuma que el cruce de cuartos está más cerca de lo que parece. Incluso para evitar más lesiones -Puyol y Cazorla siguen con artritis y Silva con un esguince-, el de Hortaleza no organizó el lunes el habitual partidillo entre teóricos titulares y los menos habituales. Los primeros se limitaron a unos ejercicios de recuperación y de remates a puerta, mientras que con los reservas recalcó la importancia del movimiento rápido del balón y de los repliegues. Xabi Alonso y Rubén de la Red tendrán la llave del centro del campo español, apoyados por Iniesta y Sergio García, en las bandas, y con Cesc de enganche. Güiza será le referencia de ataque y en defensa jugarán Arbeloa y Navarro, en los laterales, y Juanito y Albiol como centrales. Reina estará en la portería.
Es momento, pues, de hacer balance y de corregir a partir de mañana los errores detectados por Aragonés ante Rusia y Suecia.
Contra el equipo de Hiddink los internacionales cometieron el fallo de no salir a morder desde el principio, lo que hizo que los rivales se crecieran y les pusieran en apuros. Contra los nórdicos hubo veinte minutos en los que los españoles se contagiaron del juego directo y cayeron en sus redes, hasta el punto de sufrir en exceso. Si David Villa, "pichichi" y delantero de moda en la Eurocopa, no se hubiera inventado ese gol en el tiempo de descuento ante los suecos, ahora la selección estaría con el agua al cuello y con la necesidad imperiosa de puntuar ante Grecia para no hacer las maletas antes de tiempo. Y, en este tipo de encuentros a cara de perro, los antecedentes no son nada halagüeños.
Los reservas tratarán de reivindicarse, pero Aragonés cree a pies juntillas en la solidez de sus titulares y debería ser espectacular la actuación de alguno de los menos habituales para que el de Hortaleza modifique sus planes. Como otra forma de motivación, el seleccionador ha recalcado en varias ocasiones que los partidos de España "no son amistosos" y que siempre tiene la obligación de ganar, aunque no haya nada en juego. La mirada por tanto está el domingo en Viena, a más de 500 kilómetros de los campos de entrenamiento de Neustift. Superar los cuartos serviría para desterrar viejas maldiciones y para que los jugadores tomaran conciencia de que esta Eurocopa puede ser la suya. No será fácil, pero pondría fin a más de dos décadas de desengaños encadenados.
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