
Apelan a su espíritu de equipo para desterrar su tradicional papel de víctimas a priori.
Vocento VMT -19:04:46 - 19/09/2006
Sólo faltan unos días para que el viernes comience la competición por equipos más importante del golf, la Ryder Cup, que cada dos años enfrenta a las selecciones de los doce mejores jugadores americanos y del Viejo Continente. Europa podría hacer historia y ganar su tercera Ryder consecutiva. En la década de los "80, Europa venció en 1985 y 1987 y empató y retuvo la Copa en 1989 con Tony Jacklyn como capitán del equipo. Era la época dorada de Seve Ballesteros y José María Olazábal, que aportaron 15 puntos al equipo.
Irlanda espera impaciente recibir la lucha de dos equipos que desde este martes comenzaron a entrenar y a planear sus estrategias. La tormenta de agua del lunes impidió a los jugadores medir este diseño de Arnold Palmer, The K Club, que se ha seleccionado para albergar esta competición de tres días .
Será la primera vez que la República de Irlanda acoja este torneo, que tradicionalmente se disputaba en un campo británico un año y en otro americano al siguiente. España, de la mano de Seve Ballesteros, logró romper esa tradición cuando la Ryder de 1997 salió por primera vez de las Islas para ir a parar a Valderrama (la "Pequeña Augusta europea") y comenzar así su andadura por Europa.
Irlanda será el segundo país en probar suerte, aunque la selección del campo ha sido muy criticada ya que es un diseño muy al estilo americano (un "parkland" de calles arboladas, obstáculos de agua, búnkeres estratégicos en las calle y alrededor de "greenes" muy movidos), nada que ver con un típico "links" propio de la zona (campos cercanos al mar, muy afectados por las brisas marinas, de calles onduladas y profundos búnkeres).
Aunque, si echamos la vista atrás sobre las estadísticas, las últimas Copas Ryder que ha ganado Europa han sido en campos muy similares y muy del estilo americano, con lo que parece que el factor campo no es un gran distintito.
Aires de revancha
Aires de revancha corren por las filas americanas después de la abultadísima derrota de la pasada edición y en terreno americano. Ese 18,5 a 9,5 fue la mayor victoria de Europa en toda su historia. Este año parece que, por primera vez, los europeos se han sacudido de encima la fama de "perdedores a priori". Es verdad que cuatro de los torneos de "Grand Slam" han caído en manos americanas. Exactamente, se los han repartido entre Phil Mickelson (Masters de Augusta) y Tiger Woods (Open Británico y PGA de EE.UU), los baluarte más fuertes del equipo americano. Pero es conocido que como pareja son incompatibles, como ya demostraron en la pasada edición. Falta sensación de equipo.
Eso no ocurre en Europa, que goza de un espíritu casi impensable para jugadores de diferentes países que cada semana compiten entre ellos, es especialista en la modalidad match-play. Así quedó demostrado la semana pasada en el HSBC Campeonato del Mundo Match-Play, con un absoluto dominio de los jugadores del Viejo Continente.
Está claro que mientras que los europeos envidian la forma de patear de los americanos, éstos sienten celos del vestuario europeo. Ballesteros, Olazábal, García, Montgomerie... han sido hombres claves en el combinado al asumir el papel de líderes espirituales. Este hueco sigue vacío en el bloque americano, sobre todo desde la muerte del carismático Payne Stewart en 1997, un jugador que recogió el testigo de Palmer o Nicklaus. Todo el mundo espera a Tiger Woods, pero el afroamericano no quiere ni oír hablar de eso, es demasiado individualistas para trabajar en equipo. Cuando Tiger asuma su papel de liderazgo ¡que tiemble Europa!
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