
Miguel Ángel Jiménez dio el pistoletazo con su victoria en Hong Kong; siguió Sergio García con la del TPC estadounidense y, ayer, el malagueño volvió a incrementar su casillero al ganar el PGA Championship.
VMT -13:20:28 - 26/05/2008
Estos dos últimos son los dos éxitos más grandes de sus carreras y les han catapultado en las listas de ganancias a ambos lados del Atlántico.
En los años de Ryder Cup la tensión aumenta en todos los jugadores continentales. Por eso es tan importante asegurarse los puntos necesarios para formar parte del equipo a estas alturas de temporada. Si no pasa ninguna catástrofe de aquí al mes de septiembre, los dos formarán parte del bloque europeo en Valhalla. Con ese hito ya conseguido, ya sólo falta que caiga al zurrón alguno de los tres «majors» restantes para sellar una campaña inolvidable.
Un «eagle» en el hoyo 5
Lo logrado ayer por Jiménez tiene un doble mérito. Primero, porque demuestra que la edad no importa cuando se tienen las cosas claras y, después, porque resalta que en campos difíciles su experiencia es un grado. Su octavo puesto en el Masters aún se comenta y la demostración de ayer en Wentworth, uno de los campos míticos ingleses, de manual. El de Churriana fue a confirmar su magisterio precisamente en la sede permanente del Circuito Europeo y en el torneo que reparte más dinero de todo el tour. Sale de allí como líder de ganancias y con una exención de cinco años que le garantiza su presencia entre los mejores hasta los 49. Todo un logro.
Miguel Ángel estuvo metido en la lucha en todo momento. En las primeras jornadas se mantuvo en el grupo de cabeza y fue en la tercera cuando asaltó la segunda plaza, a cuatro golpes del sólido Robert Karlsson. El sueño era complicado, pero en dieciocho hoyos finales pueden pasar muchas cosas y más si ayuda un poco la fortuna. El sueco cometió dos «bogeys» en los tres primeros y el español no desaprovechó su oportunidad. Firmó sendos «birdies» en el 3 y el 4 y, lo que es más importante, dio un vuelco a la clasificación con un hoyo en uno en el 5. Esto significó un «subidón» de adrenalina, un «eagle» en su tarjeta y un liderato en la tabla que pocos esperaban.
Lo que sucedió a partir de entonces fue cayendo por su propio peso. Jiménez fue controlando al escandinavo y a Oliver Wilson, que le apretaba las tuercas desde el partido anterior. A punto estuvo de perderlo cuando cometió dos fallos de falta de concentración (dos «putts» desde medio metro en el 15 y un salto de rana en el 18) que le llevaron a la disputa de un desempate con el inglés. Pero en el tiempo extra el andaluz no perdonó y a la segunda intentona pudo por fin levantar los brazos. La mayor gloria de su carrera le había llegado justo a tiempo. Cuando más disfruta de la vida.
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