Los últimos tres años han supuesto la consagración de Didier Drogba. ‘Tito’ deslumbró con sus espectaculares goles en el Olympique de Marsella y fue el reclamo para los millones de Abramovich. En el Chelsea ha demostrado ser una gran referencia arriba, gracias, sobre todo, a lo completo de su juego: a su gran velocidad y fuerza añade una buena pegada, una más que digna calidad en el manejo de balón, con un gran pase al primer toque, y un excelente remate de cabeza. Por eso, Drogba es el clásico jugador que, pese a no ser el mejor del mundo en ningún apartado concreto, es uno de los grandes por dominar casi todas las facetas.
La competencia que se encontró en el Chelsea es precisamente la que le ha confirmado: Gudjohnsen y Hernán Crespo le han puesto las cosas difíciles pero él ha sabido hacerse un hueco sin ser tampoco un gran goleador, pero sabiendo jugar como un referente en la delantera lo ha de hacer. Tras ser finalista en la Copa de África, en este Mundial llega su gran oportunidad.
Cuando Drogba renunció a jugar con la selección francesa para jugar con su Costa de Marfil natal (país que abandonó a los 5 años), se ganó la adoración de todos sus compatriotas. Ahora, se combina con una excelente generación de jugadores costa-marfileños para tratar de ser la sorpresa en el Mundial. De hecho, su selección puede ser considerada el equipo de moda, y en parte se debe a él, su gran referente internacional.
A sus 28 años, está convencido de poder ser la revelación del Mundial. Su velocidad y potencia pueden ser decisivas ante defensas que puedan estar algo cansadas a esas alturas de la temporada. No obstante, Drogba tendrá que jugar como en las grandes ocasiones, es decir, haciendo jugar al equipo en los metros finales. Si espera a que el equipo juegue para él, se puede acabar diluyendo en la cita más exigente del mundo.
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