Excéntrico, individualista, indisciplinado, pagado de sí mismo...pero genial. Ibrahimovic forma parte de esa raza de jugadores que no se esfuerza en disimular lo bueno que es. Convencido de poder ganar el partido él solito, en no pocas ocasiones lo ha conseguido. De origen bosnio, Zlatan Ibrahimovic le debe al Ajax mucho de lo que es. Allí llegó con su 1'92 dispuesto a comerse el mundo. Un equipo grande sin la presión de un grande. Era justo lo que necesitaba.
Nadie se podía creer en Holanda que un tipo de semejante altura pudiera hacer tales cosas con la pelota, pero las hacía. En Holanda ganó dos ligas, marcando 26 goles en sus dos últimas temporadas. Después llegó la Eurocopa de Portugal, donde destapó el tarro de las esencias con un gol de espuela que no pasó desapercibido en Turín. La Juve le fichó e Ibrahimovic respondió marcando 19 goles en su primer año.
Pero no sólo hay que medir a Ibrahimovic por sus goles, sino por los que hace marcar a sus compañeros. El sueco es un experto en provocar huecos en las defensas, de los que se aprovechan sus compañeros. Excelente técnicamente, presenta también una extraordinaria estadística en asistencias de gol, teniendo en cuenta su posición de delantero centro.
Pero para comprender lo que es Ibrahimovic, hay que conocer lo que hizo este tipo con sólo diez años en 1991. Jugaba en los juveniles del Balkan, un equipo de emigrantes de la ex Yugoslavia. Su equipo perdía 4-0 al descanso. Él era suplente. Pero saltó al campo, y el Balkan acabó doblegando al Vellinge por 8-5. ¿Cuántos goles marcó el imberbe Zlatan en ese partido ante jugadores que le sacaban siete u ocho años? Los ocho. |