
A falta de un mes para el inicio de los Juegos, China asegura que ya tiene todo listo. El Gobierno ha decidido detener la industria pesada que provoca mayor contaminación.
VMT -13:21:31 - 09/07/2008
La campaña de publicidad patriótica que bombardea a los 1.350 millones de chinos desde periódicos, radios, televisiones y marquesinas no deja lugar a dudas. "We are ready!" ("¡Estamos preparados!") se ha convertido en uno de esos eslóganes que calan hasta los huesos, y no es difícil encontrarse a gente tarareando la pegajosa melodía que lo ha popularizado. Ayer, la cuenta atrás rebasó los 31 días, y los medios de comunicación oficiales aprovecharon la ocasión para dar a conocer que realmente Pekín, y las otras seis ciudades que celebrarán pruebas, están listas para organizar el mayor evento de la historia moderna de China.
Sin embargo, el polvo todavía cubre las calles de Pekín y el repiqueteo de la maquinaria pesada se ha convertido en la banda sonora de la capital china que, a pesar del aumento de ‘días azules’, todavía es incapaz de quitarse la capa de polución que la cubre. Ahora habrá que ver si las medidas de emergencia tomadas para reducir el ‘smog’ surten efecto.
El Gobierno ha decidido detener la industria pesada que provoca mayor contaminación, sacar de las calles la mitad de los dos millones de coches que se pelean a diario por un trozo de asfalto, y colocar baterías de artillería para disparar a las nubes y provocar lluvia. Esperan así manipular la dura meteorología de esta ciudad de 14 millones de habitantes, en la que muchas sustancias contaminantes superan en diez veces los niveles de Los Angeles, la ciudad estadounidense más contaminada, y en la que el mercurio puede superar los 50 grados sobre el asfalto que pisarán los sufridos atletas del maratón o los 50 kilómetros marcha.
La polémica también ha ido de la mano de la nueva política de concesión de visados, mucho más restrictiva, y de la guía publicada hace un par de semanas en la que se advierte a los visitantes extranjeros que "están sujetos a las leyes chinas" y que, por esa razón, se abstengan de organizar manifestaciones ilegales, mostrar eslóganes políticos o raciales, o introducir material impreso o informático contrario a los intereses de China. El texto, que todavía sólo se ha publicado en chino, también prohíbe dormir en la calle, una arraigada costumbre local que este periodista nunca ha visto en un extranjero.
Todo ello, sumado a las enormes sumas de dinero que los hoteles esperan conseguir con sus habitaciones, ha dejado vacíos los aviones, y ahora comienza a propagarse la idea de que organizar los Juegos quizá no vaya a ser el ‘chollo’ que muchos esperaban. La industria sufrirá seriamente el cierre ‘ecológico’, y ya ni siquiera los organizadores esperan atraer al medio millón de visitantes foráneos que confiaban tener.
Lógicamente, la prensa china obvia muchos de estos factores espeluznantes y se centra en los logros, también impresionantes. China Daily daba ayer 30 razones para ver los Juegos. Entre ellas que, por primera vez, se emitirán en alta definición y tendrán una audiencia récord de 4.000 millones de espectadores para los que trabajarán unos 40.000 periodistas acreditados, contarán con el mayor número de voluntarios de cualquier Olimpiada (más de 100.000), que se celebrará en el mayor número de ciudades de la Historia, e incluirá nuevas modalidades (la bicicleta de montaña y la maratón de natación de 10 kilómetros).
Una gran transformación
Además, el brazo mediático del Partido Comunista hace hincapié en que 600 animadoras vestidas con atractivos uniformes amenizarán la fiesta a los visitantes, y añade que se celebrará el mayor número de actividades culturales de unos Juegos Olímpicos. Por si fuera poco, los que se acerquen a China durante las Olimpiadas pueden cruzarse con alguno de los bebés bautizados Aoyun, literalmente, Olímpico.
Curiosidades aparte, lo cierto es que Pekín ha vivido la mayor transformación de una ciudad que no ha sido devastada por la guerra. No sólo el recinto olímpico está ya listo. Los Juegos han sido la excusa perfecta para derribar decenas de hutones, pequeños barrios tradicionales de casas de dos pisos, que han dejado paso a gigantescos centros comerciales. Los grandes atractivos históricos de Pekín, por su parte, han sido renovados de forma que parecen sacados de Port Aventura. Muchos residentes, forzados a vivir una existencia en vertical en una de las nuevas colmenas de las afueras, consideran que los Juegos Olímpicos han arrasado el encanto histórico de la ciudad más relevante de China. "Pero así tiene que ser para dejar paso al progreso", se lamentan.
Pero no todo es negativo. Las dos prehistóricas líneas de metro se han multiplicado por cinco, y ahora el suburbano cubre 155 kilómetros. El aeropuerto se ha modernizado con la mayor Terminal del mundo, y a la ‘Ciudad Prohibida’ se le enfrenta ahora el moderno Teatro Nacional, que se asemeja a un gigantesco ovni caído en un lago.
Un total de 63 empresas patrocinan una Olimpiada que ha dado mucho que hablar incluso antes de que se encienda el pebetero dentro de 30 días. Los disturbios en Tíbet y el accidentado recorrido de la antorcha, que por primera vez tuvo que ser apagada, han puesto en guardia a las autoridades chinas. Ahora la seguridad es prioridad absoluta, y decenas de perros policía ya olisquean bolsas y maletas en las redes de metro, y en estaciones de autobús y tren. Con eso esperan ahuyentar el fantasma que circula por la mente de muchos habitantes que, después de las nevadas de enero, las manifestaciones de marzo, el terremoto de mayo, y las inundaciones del mes pasado, esperan alguna catástrofe. Y es que muchos todavía no se creen lo del "we are ready!".
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